miércoles, 25 de agosto de 2010

No dijiste palabra,
ese día en que todos nos contamos cosas
para hacer el silencio tolerable.
Tus dedos llamaron a los míos, de lejos
Así cómo el toro es citado por la muleta, y se asusta.
Salieron de mí y cuando llegaron,
tu piel me lo contó todo.
Fue entonces cuando
tus dedos licuaron mi voz.

DeMarian Agosto 2010

1 comentario:

Manuel Maria Torres Rojas dijo...

Me ha gustado el poema. Tiene algo más que destellos y metáforas acertadas. ¡Basta de palabras!...Dejemos que hablen la piel contra la piel y ambos acentos.